jueves, 20 de diciembre de 2012

ESCAPANDO DE LA SELVA


Hace seis millones de años los primeros homínidos se bajaron de los árboles, estiraron su espalda y miraron al frente para salir de la selva y emprender  su camino a la sabana. Con estos gestos  iniciaron la humanización del hombre. En nuestro tiempo, el hombre se encuentra de nuevo ante un salto crucial en su evolución. Debemos abandonar nuestra particular selva, donde, -tal y como la describió Waldo Frank-, “en lugar de tarántulas y árboles frutales, tenemos máquinas. En lugar de tormentas e imprevistos enjambres de bacterias e insectos, tenemos el agitado vaivén de las fuerzas económicas”. El éxito de esta empresa va a depender de nuestra capacidad cooperativa. La única que ha permitido al hombre llegar hasta aquí.

martes, 18 de diciembre de 2012

CAUSAS DE LA DESINTEGRACIÓN DE NUESTRA CIVILIZACIÓN

Aunque no seamos plenamente conscientes, estamos llegando a la fase final de desintegración de nuestra civilización. Lewis Mumford, en su obra "La condición del hombre", apuntó algunas de sus causas:
 
- La falta de comunicación entre clases y pueblos.
 
- El desbarajuste del comportamiento estable.
 
- Pérdida de la forma y el objetivo en muchas de las artes, con una creciente importancia de lo accidental y lo trivial.
 
- Cisma del alma interna, un total desmoronamiento de la clave de toda significación.
 
Frente a esta desintegración, Mumford  consideraba que necesitamos una nueva actitud frente al hombre, la naturaleza y el cosmos. En definitiva, una nueva personalidad que sea capaz de inaugurar un nuevo periodo de síntesis similar al periodo medieval.
 
 
 
 
 

EL VALOR DE LA HISTORIA

De las frases que más me han impresionado de Lewis Mumford figura una dedicada a la importancia de la ciencia histórica. Dice así: "si no tenemos tiempo para comprender el pasado no tendremos la visión para dominar el futuro: porque el pasado no nos deja nunca y el futuro está a las puertas". En opinión de Mumford solo recapturando el pasado se puede escapar a su influencia inconsciente. De este modo, alargando la perspectiva histórica, se gana el poder de sacudirse las parcialidades y relatividades de la propia sociedad inmediata.
Debemos aprovechar el aspecto anticipatorio de la historia: el dominio de lo posible, el punto de vista de lo ideal.
 
                                              Clio, Diosa de la Historia

EL ÉXITO DEL HOMBRE

Según Lewis Mumford, tres son las causas que explican el éxito biológico del hombre: en primer lugar, su carácter de animal libre y aventurero; su predisposición a nutrirse y domesticarse a si mismo; y por último, su capacidad cooperativa. De los motivos expuestos me parece especialmente significativa la capacidad del hombre para, a través de su autodomesticación, controlar sus instintos animales más primitivos mediante la moral personal, la ética social y la educación. Cuando alguno de estos frenos a la animalidad del hombre se relajan nos volvemos el peor de los animales sobre la tierra, ya que nuestro inteligencia se pone al servicio de nuestros más bajos instintos.
 
 
 

domingo, 16 de diciembre de 2012

UNA OPORTUNIDAD PARA RECONCILIARNOS CON EL SER HUMANO

Nicolás Maquiavelo, en su obra “El Príncipe”, hizo una triste descripción de la condición humana. Retrató a los hombres como seres  ingratos, volubles, simuladores, ansiosos de evitar el peligro, deseosos de ganancias. Todo esto es cierto, pero no debemos olvidar, -como señaló Lewis Mumford en  “La condición del hombre”-, mirar al otro lado de la balanza: porque hay igual evidencia histórica que demuestran que los hombres son también leales, sinceros, prestos a enfrentar el peligro, indiferentes a la ganancia personal cuando están en juego los principios o las lealtades son despertadas. La visión negativa del ser humano, según la cual somos malos innatos y nadie hará bien mientras no se vea obligado a ello ha sido siempre la excusa normal del absolutismo y los regímenes totalitarios para subyugar a los hombres y mujeres.
Esta capacidad para la maldad y la bondad, para la conducta que infamaría a un animal sano y la conducta que honraría a un ángel, es la que da al carácter humano su jerarquía, su variedad, sus inesperadas caídas y resurgimientos.
La principal aportación de Darwin fue la lucha por la existencia y la supervivencia de los más aptos. Sin pretenderlo, Darwin justificó la inhumanidad del hombre contemporáneo, achacándole todo el proceso a la naturaleza. Una vez más, como sucedió en la época de Maquiavelo, los aspectos más oscuros de la humanidad fueron subrayados, olvidando factores fundamentales de la vida humana como la ayuda mutua y la cooperación.
Nos acercamos a navidad, una fiesta que contribuye a resaltar valores fundamentales del ser humano: la amistad, la generosidad, la entrega a los demás, el recuerdo de los seres queridos que ya no estén entre nosotros. Que estos sentimientos nos sirven para recuperar la confianza en la condición humana y nos den fuerza para salir fortalecidos de esta profunda crisis que nos aflige.
 
 
 

viernes, 14 de diciembre de 2012

UN TORBELLINO DE SANGRE

Casualmente, mientras leo la magistral obra de Waldo Frank "El redescubrimiento de América" (1929), me llega la terrible noticia del asesinato de veinte personas, entre ellos dieciocho niños, en una escuela de primaria en los Estados Unidos. Al volver al texto me encuentro la siguiente reflexión de Waldo Frank sobre "la tradición de violencia que está recibiendo aliento en América. Un pueblo al que se le ha enseñado que tiene que impedir violentamente el pensamiento de la minoría, que hay que anular violentamente las emociones de la minoría, que todo elemento pertubador, de poesía o de visión, debe doblegarse violentamente al orden, se está preparando para estallar violentamente contra sí  mismo cuando llegue el inevitable día en que la prosperidad mengüe o surja el conflicto. Una masa popular que no conoce otra norma que la economía perderá todo freno cuando la seguridad económica fracase por algún motivo. He aquí por qué digo que, literamente, estamos sembrando un torbellino de sangre". La profecía de Waldo Frank se está cumpliendo punto por punto.
 
 
                                              Waldo Frank

miércoles, 12 de diciembre de 2012

EL NACIMIENTO DE SOFÍA

           Llevo un par de días sin publicar en el blog por un motivo más que justificado: el nacimiento de mi hija Sofía.  El nacimiento de este espacio dedicado a la renovación de la vida ha venido a coincidir con la llegada al mundo de Sofía, una preciosa niña que se ha  asomado a la vida en este frío mes de diciembre en Granada. Tengo la esperanza de que el proyecto para la renovación de la vida, al que dedicó Lewis Mumford buena parte de su vida y su obra, alcance, durante la vida de mi hijo Alejandro y de mi hija Sofía, la definitiva fase de asimilación y encarnación.

Entre las críticas que algunos autores han hecho  al pensamiento de Mumford se ha aludido a su carácter demasiado teórico. Cierto es que en sus libros se apuntan muchos objetivos  y a todos nos gustaría que hubiera sido un poco más concreto a la hora de trazar la senda que nos lleva a la consecución de estas metas. Sensible, quizás, a esta demanda, en el libro que concluye su serie “La renovación de la vida”, “La conducta de la vida” (1951), incluyó un capítulo  titulado “Disciplina para la vida diaria”. En este apartado, el más “práctico” de esta obra y casi me atrevería a decir de todos sus libros, Mumford señala que aquellos que buscan transformar nuestra civilización deben establecer una constante disciplina de la vida cotidiana basada en las siguientes actividades: la variación en las experiencias laborales y de ocio; el reparto de las responsabilidades ciudadanas; y la participación en todo el ciclo de la vida familiar.
Para Mumford,  “la reconstrucción de la familia, la asunción de rol como amante y padre, como hijo o hija, es vital para una vida equilibrada”.  Según su percepción, “La violencia y el mal de nuestro tiempo han sido, visto en conjunto, el trabajo de hombres sin amor: hombres impotentes que codician poder sádico para ocultar su fracaso como amantes: hombres reprimidos y frustrados,  discapacitados emocionalmente por padres sin amor y buscando venganza refugiándose en un sistema de pensamiento o un modo de vida en el que el amor no puede inmiscuirse: en el mejor de los casos, personas cuyos impulsos eróticos han sido separado de los ritmos normales de la vida; egocéntricos átomos de explosión erótica, incapaces de asumir las múltiples responsabilidades de los amantes y los padres a través de todas las etapas de la vida; indispuesto a aceptar las pausas y la abstención del embarazo, haciendo de la propia unión sexual un obstáculo para las otras formas de unión social que fluyen de la vida familiar”.

domingo, 9 de diciembre de 2012

DEFECTOS Y VIRTUDES DE UN "GRAN PUEBLO": LA ESPAÑA VIRGEN DE WALDO FRANK

La profunda crisis económica en la que está inmerso nuestro país ha minado la autoestima de los españoles. Todos nos critican y nosotros estamos obligados a acometer una severa autocrítica para conocer las raíces de esta crisis, identificar nuestros males y extirparlos con la maestría de un avezado cirujano. El diagnóstico tiene que ser preciso y el mal perfectamente localizado para evitar que el bisturí se lleve por delante los tejidos y músculos sanos que dan consistencia al cuerpo social y a la identidad de España. El enfermo, nuestro país, debe afrontar la operación con optimismo y para ello nada mejor que leer libros como "La España Virgen" de Waldo Frank. Esta obra, recomendada con entusiasmo por su amigo Lewis Mumford, tiene un subtítulo sugerente "Escenas del drama espiritual de un GRAN PUEBLO". Desde mi punto vista, el diagnóstico que hizo de España es certero y está escrito con una prosa cautivadora, cargada de aprecio y amor por una tierra a la que admira, pero cuyo aprecio no le impide desvelar sus puntos débiles. Como invitación a su lectura y con el ánimo de elevar  nuestra autoestima en estos tiempos de dificultad reproduzco su descripción de los principios defectos y virtudes de los españoles:

"El español es cruel,  y su separatismo y su falta de impulso aglutinante le hacen víctima propicia para la tiranía de los gobiernos. Incapaz de organizar un cuerpo social, acepta el cuerpo del rey o el cuerpo extraño de la Iglesia de Roma.
El español tiene las virtudes propias de esta idiosincrasia. Su desarrollo personal le lleva a una integridad y a un verdadero orgullo personal que son desconocidos en Europa. El español tiene dignidad natural y es un caballero siempre, cualquiera que sea su rango...: un verdadero microcosmos de la nación española. No hay artificio en él. Es ingenuo, sobrio, independiente. En sus venas vive el impulso de los heroísmo y conoce y acepta el precio de este heroísmo. No sabe de transacciones, de cobardías ni de actitudes hipócritas. Estos son rasgos propios de las razas más sociales. Hasta el ladrón español es sincero: la tradición del pícaro no ha muerto, y el sufrimiento, el sacrificio, la devoción, son virtudes ordinarias del español, virtudes que están más alláde la imaginación romántica del Norte".
 

Waldo Frank

sábado, 8 de diciembre de 2012

CONVERSACIÓN CON EL HIJO DE UN CHERIF

Ando enfrascado en la lectura de un libro maravilloso: "La España Virgen", de Waldo Frank. De su viaje por Marruecos extraigo parte de la conversación que este escritor norteamericano mantuvo con el hijo de un Cherif. Ésta es la descripción del personaje y el contenido de su diálogo: "..Es el primogénito, y viste albornoz blanco de lana lisa. Se ha quitado las babuchas, y con los pies desnudos se reclina sobre el diván, apoyado su lánguida cabeza sobre una mano más delicada que el encaje de las cornisas. En las líneas finas y viriles de su rostro hay fuego y crueldad. Es un hombre admirablemente proporcionado, pero de estructura de acero. Tiene veinte años y es soltero. Gasta su vida en el estudio del Lore en su zauia y en componer versos.
 
- En El Corán se dice que debemos trabajar, y no hemos trabajado. En el Corán está escrio que todo el Islam debe vivir en paz, y hemos peleado unos contra otros. En el Corán se dice que debemos evitar el lujo y el vicio y que debemos cultivar la tierra y la inteligencia. De todo eso nos hemos olvidado. También esta escrito que debemos ensalzar  nuestras mujeres, y las oprimimos. Por esto nuestra vida es un desastre. Por esto Francia nos subyuga. Hemos sido el más grande de los pueblos. El Islam y la cultura eran una misma cosa, y en otros tiempos no había un hombre entre mil que no supiera leer, y no había entre mil una casa donde no hubiera delicado tapices y paredes bellamente talladas. Ahora el humo ensombrece nuestras moradas y la ignorancia oscurece nuestras mentes, Como sobre un cuerpo impuro ha caído el francés".
 
 

viernes, 7 de diciembre de 2012

EL HOMBRE POSTHISTÓRICO FRENTE AL ORGANICISMO DE OSCAR NIEMEYER

El término hombre posthistórico  fue acuñado por Roderick Seidenberg, en un libro del mismo título. La tesis de este autor, resumida por Lewis Mumford en su obra “Las transformaciones del hombre”, “es que la vida instintiva del hombre, dominante a través de todo el largo pasado animal del mismo, ha ido perdiendo fuerza en el curso de la historia a medida que su inteligencia consciente ha ido conquistando dominio sobre una actividad tras otra”. Lo que en principio podía parecer un logro para la humanidad, el control de la parte instintiva del ser humano, ha derivado en un dominio absoluto de la inteligencia que presiona sobre las actividades biológicas y sociales hasta el grado de que aquella “parte de la naturaleza humana que no se someta complacientemente a la inteligencia con el tiempo será destruida o extirpada”.
La actitud del hombre posthistórico frente a la naturaleza le lleva a concebirla como “materia muerta, que ha de ser destruida, vuelta a reunir en sus partes y reemplazada por un equivalente hecho a máquina”. Muchos de nuestros jardines son un claro producto del hombre posthistórico. Lo orgánico ha sido radicalmente sustituido por lo geométrico. De ahí la reacción de los arquitectos organicista como Óscar Niemeyer de oponer la curva, forma predominante en la naturaleza, a la racionalista línea recta. Sirva ese breve texto de homenaje a la figura de este gran arquitecto.
 
 
 

jueves, 6 de diciembre de 2012

EL DESARRAIGO

Un rasgo que distingue a los hombre del resto de los animales es su capacidad simbólica. Los sueños y los símbolos anticiparon al lenguaje y, en conjunto, iniciaron la humanización del hombre. Sin símbolos, según Mumford, "la vida del hombre sería una vida de apetitos inmediatos, de sensaciones inmediatas; se vería limitado a un pasado más corto que su vida, a merced de un futuro que nunca pudo anticipar, para el que nunca pudo prepararse".
Existen símbolos que han acompañado al hombre en todas las culturas que han surgido sobre el planeta. El árbol de la vida representa la fuerza de la vida y su génesis, además de destacar el papel fundamental de las raíces sociales y culturales para el pleno desarrollo del hombre. Su relación con la naturaleza, rota desde hace aproximadamente doscientos años, se simboliza en las profundas raíces que siempre había unido al ser humano con su entorno. Los árboles, tan maltratados en nuestras ciudades, representan el desarrollo de la vida. Una sociedad que descuida los árboles y, en general  la naturaleza, es el síntoma evidente de su deshumanización. Nuestro idioma tiene un concepto que simboliza con perfección este proceso: EL DESARRAIGO, LA FALTA DE RAÍCES. 
 
 
 


miércoles, 5 de diciembre de 2012

LOS JUECES JUSTOS

Acabo de terminar de leer la novela "La caída" de Albert Camus. Es impresionante la profundidad del retrato psicológico del protagonista, un ser tremendamente egocéntrico, manipulador y posesivo, bajo el difraz de un persona adorable de cara a los demás. Parte de la novela se dedica a criticar el continuo juicio que hacemos de todos los que nos rodean y al que nos someten, a su vez, quienes comparten nuestro espacio vital. Estas reflexiones sobre los juicios personales son ilustradas por un cuadro de Van Eyck, titulado "Los jueces justos". De los mensajes que contiene esta novela de Camus me quedo con éste: "...para ser feliz no hay que ocuparse demasiado de los demás". Se refiere, por supuesto, de las opiniones de los otros, no de las personas individuales y la humanidad en su conjunto. 
 
 

ATRIBUTOS DE LA LIBERTAD

Tres son, según Mumford, los atributos de la libertad: variación, experimentación y rebeldía. Una paradojas de la actual forma de democracia representativa es que, en vez de favorecer estos atributos, tiende a imponer la uniformidad, la improvisación y el conformismo. De todas las modalidades de libertad, la de expresión ha sido la más maltratada. Según el filósofo Emilio Lledó, la libertad de expresión no tiene sentido si no hay antes una libertad de pensamiento. "La libertad de expresión no es decir todo lo que se te ocurra, sino que lo que se te ocurra tenga sentido. La libertad de expresión debe tener unos cauces humanos puestos en nuestra mente. Es una libertad de la la mente".
 
 
 

EL FIN DE LA SOCIEDAD HUMANA

España encabeza el ranking de países con las más altas tasas de desempleo. Además del drama personal y familiar que supone no contar con ingresos económicos, olvidamos que el trabajo tiene dos dimensiones antropológicas fundamentales. Su función, tal y como nos recuerda Lewis Mumford en "La condición del hombre", consiste en "proveer al hombre de un modo de vida, no con el fin de ampliar su capacidad de consumo, sino de liberar su capacidad de crear". Su significado social deriva de los activos de creación que hace posible el trabajo.
La eficiencia mecánica de la máquina y el mayor automatismo del proceso disminuye la demanda total del trabajo humano. Por ello Mumford ya proponía en 1948, la firme reducción de las horas de trabajo y "la necesidad de un prorrateo del ingreso anual en forma más pareja y equitativa para que haya una mayor demanda efectiva de los bienes que la granja y la fábrica producen". De manera concreta, Mumford fue uno de los pioneros que habló de la instauración de un "salario natural" que permita al hombre vivir sin inseguridad. Este concepto de salario natural era, para Mumford, "una extensión inevitable de los principios esenciales de democracia a la industria maquinista: igualdad y libertad formales deben ahora ser transformados en igualdad y libertad operantes. Ya no no es esto el fin de un partido, es el fin de la sociedad humana". El problema de instaurar un salario natural estriba en que para hacerlo viable debe ser abordado a escala internacional. A escala local, incluso nacional, una transformación tan radical de la concepción del trabajo es difícil que puede fructificar.
 
 
 
 

martes, 4 de diciembre de 2012

NUEVOS CRITERIOS DE JUICIO PARA LA RENOVACIÓN DE LA PERSONA Y LA SOCIEDAD

Para salir de la actual crisis necesitamos un cambio de dirección y actitud. Lewis Mumford, -en las líneas finales de su obra “La condición del hombre”, de la cual hemos obtenido el texto que exponemos en este comentario-, comentó que debemos aportar a cada actividad y a cada plan un nuevo criterio de juicio: debemos preguntar en qué medidas las acciones que promueve los políticos tienden a la realización de la vida y cuánto respeto guardan a las necesidades del hombre. Las preguntas que debemos tener siempre a la cabeza pueden agruparse en los siguientes dos bloques:

1.- ¿Cuál es el objetivo de cada nueva medida política y económica?.

¿Busca la antigua meta de la expansión y el crecimiento o la nueva del equilibrio?

¿Trabaja para la conquista y la acaparación del poder o para la cooperación y el apoyo mutuo?.


2.- ¿Y cuál es la naturaleza de esta o aquella realización industrial o social?

¿Produce bienes materiales solamente o también bienes humanos y hombres buenos?


A sendos bloques de preguntas se añade otras dos referentes, respectivamente, a nuevos propósitos individuales y planes públicos:

Respecto al aspecto individual esta es la pregunta: ¿Concurren nuestros planes de vida individuales a la universal sociedad, en la que el arte y la ciencia, la verdad y la belleza, la religión y la santidad enriquecen a la sociedad?

En cuanto a los proyectos ideados en el ámbito público esta es la cuestión a dilucidar: ¿Concurren nuestras planes de vida públicos a la satisfacción y renovación de la persona humana, para que fructifique en una vida abundante, cada vez más significativa, cada vez más valiosa, cada vez más profundamente experimentada y más ampliamente compartida?.

Si mantenemos constantemente estas normas en nuestra mente, tendremos tanto una medida de lo que debemos rechazar como una meta de lo que debe alcanzarse.

Todas estas preguntas son un medio útil para discriminar nuestra acción individual y la de la propia sociedad. En su conjunto subyace la idea de que el primer paso es personal: un cambio de dirección del interés hacia la persona. Sin ese cambio no se logrará gran mejoramiento en el orden social. Una vez que empiece ese cambio, todo es posible.

HEREDEROS DEL ROMANTICISMO

En multitud de ocasiones, personas cercanas a mí, ya sea por lazos familiares o de amistad, me han tildado de romántico, por aquello de mi activismo ecologista. Y llevan razón. Uno de los rasgos característicos del romanticismo fue su culto a la naturaleza. El movimiento romántico definió a la naturaleza como “el cielo, la tierra y todos sus habitantes no tocados por la mano del hombre”. Vivir de acuerdo a la naturaleza era aceptar la tierra y su vida orgánica y tratar la existencia del hombre como poseedora de valor por su participación en esta vida. Esta visión de la naturaleza era radicalmente opuesta a la defendida por el precedente hombre barroco que trato de forzar la naturaleza. El hombre romántico, por el contrario, se sometió gustoso al medio natural. Como amante de la naturaleza glorifica la singularidad y el capricho, lo accidental y lo imprevisto.
Estas divergentes formas de concebir la naturaleza dio lugar en el siglo XVIII  a dos tipos de personalidad que aún perduran en nuestro tiempo: el romántico y el utilitario. Durante un breve lapso temporal ambas concepciones se encarnaron en un ser equilibrado que aunaba lo mejor del romanticismo y el utilitarismo. Su representación más exacta la podemos encontrar en la figura de Robinson Crusoe. Un hombre con un profundo conocimiento de los ciclos naturales y de las herramientas ideadas por la humanidad para cultivar la naturaleza y resistir a su fuerza, sin alterarla de forma permanente. Pero tal conjunción de caracteres no llegó a tomar suficiente cuerpo para dar forma a un idolum humano capaz de frenar la irresistible presión de la expansión territorial y económica. El hombre utilitario,  ayudado por el desarrollo de la ciencia y la técnica, declaró la guerra a la naturaleza, contienda que casi ha vencido, pero en la que no quiere dejar prisioneros. Por su parte, el hombre romántico no desapareció del todo y aún puede rastrearse su legado en el escaso ejército de conservacionistas, ecologistas y defensores del patrimonio que constituye la mermada infantería con la que cuenta el patrimonio cultural y natural para hacer frente a tanto utilitarista insaciable de poder y riqueza. Para librar esta desigualdad batalla necesitamos voluntarios. Alístate.
 
 
 
Resulta paradójico que nuestro actual sistema económico haya pasado de llamarse capitalista a denominarse neoliberal. Esto supone una auténtica perversión del lenguaje y una tergiversación histórica de los ideales del liberalismo económico. Uno de los considerados padres del liberalismo, John Stuart Mill, era un firme convencido de las bondades del progreso, ignorando que los males que acarrea la fe ciega en este principio vital. Sin embargo, el segundo tomo de sus “Principios de economía política”, lo dedicó a explicar su idea del estado estacionario. Esta idea aparece resumida en el siguiente párrafo: “Es apenas necesario señalar que un estado estacionario del capital y de la población no involucra estado estacionario del mejoramiento humano. Habrá tanto campo de acción como siempre para toda clase de cultura mental y moral y progreso social; tanto campo para mejorar el arte de vivir, y muchas más probabilidades de que sea mejorado, cuando las mentes dejen de estar atraídas en el arte de medrar. Hasta la artes industriales pueden ser tan seria y exitosamente cultivadas, con la única diferencia de que en lugar de no buscar otro objetivo que el aumento de la riqueza, los progresos industriales produzcan su legítimo efecto, abreviando el trabajo”. En definitiva, lo que Mill promulgaba era la lógica transformación del progreso mecánico en beneficio social.
 
 
 
Hace escasas fechas, la editorial y librería “Traficantes de Sueños” ha editado una obra fundamental para los tiempos que vivimos, el “Tratado para radicales. Manual para revolucionarios pragmáticos” de Saul Alinsky. El libro me ha parecido sumamente interesante y revelador. Contiene ideas esclarecedoras sobre conceptos básicos de nuestra sociedad como el de democracia. Para Saul Alinsky, la democracia no es un fin; es el mejor medio político disponible para la consecución de una serie de valores como los de la libertad, la igualdad, la justicia, la paz y el derecho a rebelarse. Pienso que este matiz es muy importante si no queremos que a través de un procedimiento, la democracia, puedan adoptarse medidas que atenten contra estos principios, como ya ha sucedido en determinados momentos de nuestra historia reciente. Sirve también para hacer frente a los políticos que valiéndose del poder que les dan las urnas adopten políticas que minen estos valores fundamentales de la humanidad. A quién le interese este libro puede descargárselo en pdf en la página web de la librería “Traficantes de Sueños”.
 
 
 
Paul Valery fue un personaje peculiar. Durante cincuenta años se estuvo levantando a las cuatro o cinco de la madrugada para, durante tres o cuatro horas, dedicarse a reflexionar y plasmar por escrito el resultado de su pensamiento. Una selección de estas reflexiones se publicó bajo el título de Cuadernos. En una reciente edición en nuestro país de estos cuadernos encontré un pasaje que define con mucha agudeza y lucidez el sentido último de los nacionalismos. Estas letras fueron escritas en 1944. Dícese así: “Las desgracias de Europa, su total ruina, se deben al sistema de las “naciones”, surgido de las soberanías personales, que han legado a entidades jurídico-histórico-políticas caracteres de individuos, con todo lo que tales caracteres conllevan de la mala conciencia, de envidiosa voluntad de poder, etc…Estas individuales se han afirmado, definido, y opuesto cada vez más, gracias a una minoría de hombres “instruidos”, profesionales de historia y de política, que disponen de enseñanza y de influencia, que han creído y hecho creer en la existencia real (y no fiduciaria) de antagonismo esenciales”.
 
 
 
 
John Butler Yeats, declaró en una carta fechada en 1909, "la felicidad no es ni virtud, ni placer ni esto ni aquello, sino simplemente crecimiento. Somos felices cuando estamos creciendo". Se refería, claro está, a los aspectos espirituales, intelectuales, estéticos y éticos.


Sólo mediante la reproducción constante y la renovación puede la vida perdurar: esto es cierto en el ámbito biológico e igualmente cierto en el ámbito del espíritu. En la belleza, la verdad y la bondad el hombre encuentra su mayor satisfacción: la completa experiencia de la humanidad da fe de este hecho; y coronar estas cualidades con amor es acercarnos a la cima de la experiencia humana tanto como es posible”, Lewis Mumford.
 
 
 

“La supervivencia biológica del hombre, ahora sabemos, está involucrada en los procesos cósmicos y prospera mejor cuando algún sentido de un proceso cósmico acompaña a sus actividades diarias”. Lewis Mumford
 


 
La única manera de salir de la pequeñez del hombre y su presunta impotencia sería utilizar su propia débil luz, la consciente mente racional, como propuso Bertrand Russell en su juventud, para contemplar sin esperanza la grandeza que se burla de él.
 
 
 
Tan pronto como cualquier parte del ambiente externo, natural o artificial, deja de promover los propósitos del hombre, esta deja de tener sentido, e incluso cuando permanece a la vista es extraído de la mente de los hombres: como atestigua lo que sucedió con los baños árabes una vez que los portugueses entraron en la ciudad. Los lusitanos, devotos del cristianismo, condenaron el ritual del cuidado corporal y los baños dejaron de tener una utilidad práctica. De baño pasó a casa de aperos.
Tal y como comentó Mumford, una vez que una estructura deja de tener sentido, los hombres lo explotaran como cantera, tan fácilmente como lo harían en una explotación a cielo abierto: testimonio de este fenómeno fue el asalto a los edificios góticos del siglo XVIII en Francia. Así, también, un cambio en la dirección de interés humano, un cambio subjetivo interior, podría destruir Nueva York tan destructivamente como una bomba atómica. Por otra parte, incluso objeto natural “sin valor”- un mechón del cabello de un mártir o un fragmento de cráneo del hombre de Java- pueden adquirir valor a través de la proyección de significado sobre él: en este caso, será cuidado con ternura de generación en generación, como si se tratara de una preciosa obra de arte. Monumentos, como los baños árabes, perduran y son cuidados desde el momento en que los reconocemos como símbolos de otras culturas u otras vidas que han florecido y desaparecido.
 
 
 
En el libro “la conducta de la vida”, último de la serie “la renovación de la vida”, Lewis Mumford incluyó un capítulo titulado “la encarnación del equilibrio”. Entre los ejemplos que cita como personas que han alcanzado este equilibrio y han llegado a ser personas totales cobra un especial relieve la figura de Albert Schweitzer, Premio Nobel de la Paz en 1952. Según comenta Mumford, tanto en “la filosofía o la teología, la medicina o en la música, los talentos de Schweitzer fueron suficientes para garantizarle una carrera distinguida: como uno de los más eminentes especialistas de su tiempo, en cualquiera de estos temas, su éxito habría sido rápido y rentable, con poco que él se hubiera centrado en una sola actividad. Pero para seguir siendo un hombre total, Schweitzer llevó a cabo un singular acto de sacrificio en su vida: deliberadamente redujo el cultivo intensivo de un solo ámbito, a fin de ampliar los contenidos y el significado de su vida. Sin duda, la humildad que le hizo posible realizar tal sacrificio derivó directamente de sus convicciones cristianas: sin embargo, el resultado de este sacrificio no fue la negación de su vida, sino su más plena realización; pues incluso en las húmedas selvas de África, donde finalmente estableció su hogar, mantuvo vivo su elevado y cultivado interés en la música: no sólo teniendo su piano a su lado, sino encontrando tiempo, a pesar de la falta del usuales medios eruditos, para escribir una vida de Bach.
A pesar de haber estudiado inicialmente filosofía y teología, su vocación de ayudar a los habitantes del África occidental le motivó para sacar con brillantez la carrera de medicina en tan solo cuatro años. Una vez con el título en la mano se dedicó a curar a los niños enfermos africanos. Albert Schweitzer sí que fue un digno galardonado con el Premio Nobel de la Paz no el Sr. Obama, con su repugnante apoyo a los asesinatos selectivos, o la Unión Europea con su política económica que condena a los países del sur, como el nuestro, a la miseria.



 
 
 
 
 
 

Otro ejemplo de coherencia, pero en este caso masculino, es el de Henry David Thoreau. El autor de “Desobediencia civil” lo metieron en la cárcel porque se negó pagar impuestos. Decía que con su dinero no iba a contribuir a sostener un Estado de defendía la esclavitud. Pero en un gesto de coherencia tampoco quiso beneficiarse de nada que pudiera facilitarle el Estado. Se hubiera quedado en la cárcel si su amigo, el gran escritor Ralph Waldo Emerson, no hubiese pagado por él sus impuestos. Tuvo que hacerlo sin que su querido Thoreau se enterase, sino no lo hubiera aceptado.
 
 
 

He tenido que dedicar un buen rato para encontrar en mi biblioteca el nº 1 de la Revista de Pensamiento Crítico "Cul de Sac". Tenía interés en hacerlo para poder reproducir el texto que encabeza al presentación de esta revista. Un texto que me impresionó profundamente escrito por la filósofa y activista Simone Weil. Quiero compartirlo con vosotros. Espero que os emocione como me sucedió a mí.

“Si, como es inevitable, debemos morir, actuemos de manera que no muramos sin haber existido. Las fuerzas temibles que debemos combatir se disponen a aplastarnos, y sin duda pueden impedir que existamos plenamente, es decir, que imprimamos al mundo la marca de nuestra voluntad. Pero hay un dominio en el que son impotentes. No pueden impedir que trabajemos para concebir claramente el objeto de nuestros esfuerzos, a fin de que, si no podemos realizar lo que queremos, al menos lo hayamos querido y no deseado ciegamente; y, por otra parte, nuestra debilidad puede en verdad impedirnos vencer, pero no comprender la fuerza que nos aplasta. Nada en el mundo puede impedirnos ser lúcidos. No hay ninguna contradicción entre esta tarea de esclarecimiento teórico y las tareas que plantean la lucha eficaz; por el contrario, hay correlación, puesto que no se puede actuar sin saber lo que se quiere y qué obstáculos hay que vencer. No obstante, siendo de todas maneras limitado el tiempo del que disponemos, se está obligado a repartirlo entre la reflexión y la acción, o para hablar con mayor modestia, la preparación para la acción. Este reparto no puede ser determinado por ninguna regla, sino solamente por el temperamento, el carácter, las dotes naturales de cada uno, las conjeturas que cada uno se forma respecto al futuro, el azar de las circunstancias. En cualquier caso, la mayor desdicha para nosotros sería morir incapaces a la vez de triunfar y de comprender”, Simone Weil.
 
 
 
Tal y como comentaba Lewis Mumford en su obra "la condición del hombre", "el progreso debe ser considerado de dos maneras: acercándose a un objetivo o alejándose de un punto de partida. Los exponentes del progreso, al tomar por cosa hecha su propia superioridad, insistieron sobre el segundo significado". Los defensores de la idea del progreso entendían este proceso como el alejamiento de un pasado invalidado por valores negativos: brutalidad, superstición, ignorancia, miseria. En este sentido, nos recuerda al célebre pasaje bíblico de la destrucción de Sodoma y Gomorra de la que sólo se salvarían Lot y su familia, excepto su mujer que no pudo vencer la tentación de volver su mirada hacia la ciudad y quedó convertida en una estatua de sal. Fue, en este sentido, la primera mujer con inquietud histórica y lo pago muy caro. Debido a esta ruptura radical con el pasado los defensores radicales del progreso se privaron de raíces. El cuadro es de John Martin (1832).
 
 
 
En una de las obras más conocidas del gran pensador Walter Benjamin, “Tesis sobre la filosofía de la historia”, encontré la referencia a un cuadro que me impresionó. Se llama Angelus Novus y su autor es Klee. Ésta es la descripción que de él hace el propio Benjamin: “En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos PROGRESO”. Desde que vi este cuadro no puede dejar de pensar en él y en la interpretación de su significado por el gran pensador Walter Benjamin.
 
 
 
 

Sin caer en el error de sobrevalorar el modo de vida en periodos históricos anteriores , creo que en determinados momentos se tenía un sentido más pleno de la vida. Vivían menos, pero su vida era más intensa y gratificante desde el punto de vista humano, siempre eso sí, que no te tocara forma parte de los sectores menos pudientes de la sociedad. Esta idea quedó reflejada en el siguiente fragmento  de la obra "Emilio, educación de acuerdo con la naturaleza” de Rousseau. Sobre la educación de los hijos éste es uno de los consejos que da: “..Enséñale a vivir antes que a evitar la muerte, y que la vida no es respiración sino acción, el empleo de nuestros sentidos, nuestra mente, nuestras facultades, cada parte de nosotros mismos que nos hace conscientes de nuestro ser. L A VIDA CONSISTE MENOS EN LA EXTENSIÓN DE LOS DÍAS QUE EN EL PROFUNDO SENTIDO DEL VIVIR”. Si todos tuvieramos presente este pensamiento nuestra vida sería más fructifera.
 
 
 
para completar esta pequeña serie de cuadros que representan los tumultuosos tiempos revolucionarios de finales del s.XVIII y la primera mitad del s.XIX, traígo aquí una obra de Ruysdael. Los dos personajes que andan tranquilamente por el puerto parecen ignorar la tormenta que les rodea. Se parecen a muchos de nuestros políticos que ignoran las fuerzas revolucionarias que están surgiendo a su alrededor. ¿Se los tragara una ola?.
 
 
 
 Estamos desorientados y necesitamos un noray al que sujetar el barco al deriva al que se asemeja nuestra civilización. A finales del s.XVIII, las aguas se encontraban igualmente agitadas, de ahí el gusto de pintores como Ruysdael, Gericault y Delacroix por pintar cuadros cuya temática eran las tempestades. Las olas alcanzaron tal altura que los diques impuestos por los gobernantes cedieron y las hasta entonces contenidas fuerzas revolucionarias carrasaron con todas las estructuras de poder existentes. Como representa la famosa obra de Gericault, la balsa de las medusas, todas iban en la maltrecha y débil embarcación, pero pocos llegaron a puerto.
 
 
 
Todas las épocas han tenido su mantra. La nuestra es: "crecimiento". En el contexto de una economía orgánica tal concepto no tendría cabida. El ciclo natural de los organismo es nacimiento, crecimiento, madurez y declive. Si en la naturaleza y en el propio hombre la tendencia fuese el crecimiento perpetuo nos convertiríamos en seres amorfos, en auténticos monstruos, como Gargantua, el célebre personaje de Rabelais. Por este motivo, autores como Stuart Mill hablan de un estado estacionario para la economía, una vez que los beneficios del desarrollo llegaran a todas las capas sociales. La única manera de alcanzar una madurez sana y plena es a través de un equilibrio dinámico. La muerte llega a todos los organismos cuando este equilibrio se descompensa. La descompensación en el equilibrio social y económico amenaza la supervivencia de nuestra civilización.
 
 
 


En mis últimos comentarios he introducido el debate sobre la necesidad de producir una especie más completa de hombre de la que hasta ahora ha revelado la historia si queremos superar la crisis multidimensional que nos atenaza. He dejado para el final, a propósito, la descripción de este hombre/mujer del Nuevo Mundo. No lo voy a hacer yo, cedo la palabra al maestro Lewis Mumford. Esto es lo que dice: “…La situación actual exige una clase de persona capaz de abrirse a través de las fronteras de la cultura y de la historia, que hasta el momento han limitado el crecimiento humano. Una persona no marcada indeleblemente por los tatuajes de su tribu ni coartada por los tabús de su totem, no metida para siempre dentro de las ropas de su casta ni embutida dentro de una armadura profesional que no puede quitarse ni aunque está ponga en peligro su vida. Una persona a quien sus restricciones dietéticas religiosas no le impidan participar en el alimento espiritual que ha resultado nutritivo para otros hombres; y, por último, una persona cuyos anteojos ideológicos no le estorben permitiéndole sólo entrever alguna vez el mundo tal como se muestra a hombres con otros anteojos ideológicos, o tal como se revela a quienes, cada vez con mayor frecuencia, son capaces de una visión normal sin ayuda de lentes”.
 
 
 

Una de las necesidades urgentes de nuestro tiempo es reconquistar nuestro sentido de lo que debe ser el hombre. Al pensar en ello he recordado el contenido de una obra prácticamente desconocida de Walt Whitman que se llama “Perspectivas democrática”. Así describe Whitman su modelo: “ …Nuestro modelo es indispensable que sea sano y robusto; nunca debieran interrumpirse las cuestiones de la alimentación, el buen aire, el ejercicio físico, la asimilación y la digestión. Fuera de esto, columbramos una personalidad bien definida: en la juventud, fresca, ardiente, emocional, entusiasta, plena de aventura; en la madurez, valiente, perceptiva, dueña de sí misma, ni muy habladora ni muy reticente, ni excesivamente eufórica ni sombría- En cuanto a su aspecto físico, veo yo a un hombre erguido, de dilatado pecho, tez lozana, voz musical y movimientos fáciles; ojos de mirada firme y calma al par, y asimismo capaz de centellear; la presencia, en fin, que lo capacite para tratarse con los más encumbrados (porque sólo la naturalidad, y tan sólo la naturalidad, permite a un hombre alternar con presidentes o generales con el debido aplomo, y no la cultura, ni tampoco los conocimientos o dotes intelectuales de cualquier naturaleza)”.
 
 
 
 
El optimista lema de Patrick Geddes, "videndo discimus", fue puesto en práctica por él mismo y su esposa con sacrificios. A los distritos de casas de vecindad apiladas en Edimburgo llevaron jardines; a las calles llenas de plagas de las ciudades indias llevó limpieza; a los estudiantes los envió a la ciudad y al campo a ver con sus propios ojos las realidades de la naturaleza. Podría decirse que era una persona comprometida por lo que se dedicó a la ciudadanía, aún a costa de retardar su propia carrera como hombre de ciencia. Geddes estaba demasiado preocupado por lo que sucedía fuera de su laboratorio y de su estudio para contentarse con un éxito personal hecho posible por la indiferencia cívica. Este mismo compromiso reclamó a los especialistas de otras disciplinas científicas animándoles a elevarse hacia opiniones, objetivos y planes comunes, como ciudadanos que conservaran y estimularan la vida en su propia comunidad y su propia región, cooperando con otros ciudadanos en todo el mundo.

 
 
Patrick Geddes (1854-1932) fue un importante botánico escocés que actuó como maestro intelectual de Lewis Mumford. Vivendo discimus era su lema: "aprendemos viviendo". O como dijo en posteriores ocasiones "sólo pensando las cosas a medida que se las vive, y viviendo las cosas a medida que se las piensa, puede decirse de un hombre y de una sociedad que piensan o viven de verdad". Siguiendo esta idea, en su obra más conocida titulada "Ciudades en evolución", insta a todos los ciudadanos a participar en la vida y actividades de la comunidad si queremos que nuestra apreciación sea activa, dejando de este modo algo de lo mejor que hay en nosotros en la ciudad; más rica y no más pobre debido a nuestra presencia. Por eso insistió en la necesidad de fomentar la observación y extenderla, de conocer nuestras regiones y ciudades en detalle, y de hacernos más competentes prácticamente para participar en el despertar y el desarrollo de nuestra ciudad natal, en vez de limitarnos a delegar en otros nuestras responsabilidades mediante la maquinaria electoral política o municipal.
 
 
Uno de mis escritores preferidos es G.K. Chesterton. Me encantan los relatos del padre Brown. Uno de los misterios resueltos por este sagaz cura es el asesinato de un personaje importante del pueblo que aparece con la cabeza abierta, junto con un martillo de herrero. Todos los indicios, como era suponer, señalan al herrero. Pero el padre Brown desconfía de la imputación al humilde herrero. Su sospecha recae en el sacerdote del pueblo. Casi al final del cuento los dos curas suben a lo alto del campanario y el padre Brown le declara abiertamente el porqué no creen que haya sido el herrero. Para hacerlo le cuenta a su colega que un día conoció "a un hombre que empezó orandoo con los demás ante el altar, pero que se fue aficionando a rezar en sitios altos y solitarios, rincones y nichos del campanario o la torre. Y en cierta ocasión, en uno de esos sitios vertiginosos, desde los que el mundo entero parecía girar a sus pies como una rueda, su cerebro también empezó a dar vueltas y a creerse Dios. De modo que, aunque era una buena persona, cometió un terrible crimen. Pensó que dependía de él juzgar al mundo y castigar al pecador. Si hubiese estado arrodillado en el suelo con los demás, jamás se le habría ocurrido tal cosa, pero vio a los hombres paseándose como insectos y sobre todo vio pasar a uno, insolente y llamativo con un sombrero verde: un insecto venenoso”. Todas las historias del Padre Brown encierran un mensaje de orden ético o moral. En este caso, según mi lectura, hace una crítica mordaz a la manera que los poderosos, desde sus alturas, observan al común de los mortales. Para ellos somos simples insectos. Así Chesterton, a través del padre Brown nos dejó un mensaje clave: “la humildad es madre de gigantes. Uno ve grandes cosas desde el valle y sólo pequeñas cosas desde la cima”.
 
 
 
Esta es una de las obras más irónicas de Brueghel el viejo. Se conoce como "la caída de Ícaro". ¿Y dónde está Ícaro?. Pues tenéis que fijaros en el barco de la derecha, junto a él chapotean de manera ridícula los pies de una personaje: Ícaro. Alguien desde la orilla quiere ayudarle, mientras que el resto de los personajes siguen a lo suyo. La imagenes principales son el agricultor y el pastor. Mi  interpretación es la siguiente: Ícaro representa al hombre que quiere ser dios, el ingeniero o científico de nuestro tiempo, pero que su soberbia le lleva demasiado lejos y al final termina cayendo. Los considerados oficios menos relevantes saben que la verdadera riqueza está en el cultivo de la tierra. La naturaleza ocupa el lugar central de la vida.
 
 
 
Pienso que una de las necesidades urgentes de nuestro tiempo es reconquistar nuestro sentido de lo que debe ser el hombre. A lo largo de la historia ha habido varios modelos a seguir: el primero de ellos, fue el ideal del hombre democrático que surgió entre los s. VI y V a.C, en Atenas. Diez siglos después volvemos a encontrar un referente a tener en cuenta: el gentleman o caballero. El caballero  era, según lo describe Mumford, sobre todo un "amateur": era el hombre no especializado, no profesionalizado, en quien se encarnaba la hombría misma. Como su prototipo ateniense, se convirtió en el conjunto de la conducta hermosa. En él, una desfalleciente moralidad era agraciada por el arte, y un arte emergente era atemperado por consideraciones morales. El personaje retratado parece ser el compositor Vincenzo Galilei, padre Galileo Galilei, el famoso astrónomo. Es interesante el detalle de las manos: la derecha reposa en la espada, ya que un signo del caballero era el dominio del uso de las armas, pero en su izquierda blande un texto que ilustra su dedicación al estudio de los clásicos y, en general, a la mejora de su formación intelectual. La conducta indigna de un caballero se convertía en condición de ostracismo. Todo lo que nos queda de buenas maneras se lo debemos al caballero: ejemplo de compostura y mesura.
 
 
 
Aunque nos parezca mentira, en el siglo XVI, periodo que solemos asociar al puritanismo cristiano, artista como Tintoretto pintaron cuadros de una carga erótica que hoy día serían objeto de crítica por las altas instituciones eclesiásticas. Un ejemplo es este cuadro titulado "el origen de la Vía Láctea". Para aquello que no lo sepan, lo de láctea viene de un mito, representado en este cuadro, según el cual el origen del firmamento procede de la leche que la diosa Hera derramó de su pecho cuando despego de su seno a Hércules, al cual había colocado Hermes sobre uno de los senos de Hera, mientras dormía, para que se convirtiera en inmortal. Buena parte de los cuadros eróticos de este periodo fueron destruidas, habituales en esta fase histórica, acabando en las fogatas de Savonarola.
 
 

 
Como reacción al capitalismo que arrancó en el s.XIII, se dió, de manera paralela y como justa compensación, un resurgimiento de la libido. Tal y como comenta Mumford, "en el siglo XV, una de las primera manifestaciones del creciente lujo fue el dormitorio privado: un cuarto dedicado exclusivamente al amor y el sueño, sin la constante amenaza de interrupciones e intrusiones. En este cuadro de Carpaccio sobre la visión de Santa Ursula, el mobiliario y la ropa de cama del cuarto son muy similares a los de nuestros días". Hay que tener en cuenta que antes de la aparición de la alcoba, no había habitaciones privadas, por lo que las relaciones sexuales se tenían que hacerse de "tapadillo" para no alertar al resto de la familia con la que compartían la casa.
 
 
 
Ante tanto análisis superficial de la crisis económica conviene abrir el prisma de observación para entender las profundas causas ideológicas que subyace bajo la rígida concepción de la economía que Alemania está imponiendo en Europa. Releyendo el libro del Lewis Mumford, “La condición del hombre”, y en un apartado que dedica a desgranar la ideología calvinista he encontrado el siguiente párrafo que quiero compartir con todos vosotros. Dice así: “…la máquina era el verdadero símbolo del implacable Dios calvinista y su orden, predestinado: sus mismas AUSTERIDADES, abnegaciones y SACRIFICIOS, la absorbente disciplina de la fábrica, sin tiempo para el ocio y por lo tanto sin oportunidad para el pecado. Todo esto dio a la máquina un fundamento en la cultura protestante, del que carecieron por mucho tiempos países como ESPAÑA e ITALIA, que continuaron bajo las formas más laxas y humanas de la iglesia y de la manufactura medievales”. Esta misma idea fue comentada por Albert Camus en su obra “El hombre rebelde”, donde hablaba de la pugna entre el mediodía (el sur de Europa) y la medianoche (Alemania y los países de tradición protestante).
 
 
 
El tránsito del mundo pagano al cristianismo en Roma fue lento. Duró cuatro siglos. Un proceso magistralmente descrito por Mumford: "Una por una, las viejas lámparas clásicas se apagaron; una a una, las nuevas bujías de la iglesia se fueron encendiendo". Fijaros en esta imagen: el contraste entre las ruinas de la antigua Roma y los numerosas iglesias que fueron surgiendo en su entorno. ¿Qué semillas floreceran entre las ruinas de nuestra decadente civilización?
 
 
 

lunes, 3 de diciembre de 2012

Los griegos idearon un concepto, la Kalokagathia, para expresar es una la integración de lo bello (kalos) con lo bueno (agathon). El santuario de Delfos es uno de las parajes más mágicos y fascinadores que he visitado en mi vida. La integración de la arquitectura con el paisaje resulta incomensurable. Mucho tendría que aprender nuestros arquitectos de los griegos respecto al respeto de la belleza de la naturaleza.
 
 
 
 


 
Para aquellos que dudan del valor de la cultura y anteponen exclusivamente los bienes materiales, traigo aquí las palabras de Mumford. "No hay pobreza peor que la de ser excluido por ignorancia, por insensibilidad o por falta del dominio del lenguaje de los símbolos significativos de la propia cultura; esas formas de sordera o ceguera social constituyen verdaderas formas de muerte para la personalidad humana".
 
 
 
En estos momentos de profunda crisis multidimensional cobra fuerza la idea de algunos historiadores que observan un claro paralelismo entre el orden romano y el mundo moderno. Según Mumford, "la victoria de la cristiandad en el s.IV no fue debida a la sumisión de una minoria de romanos tradicionalistas a una mayoria de cristianos, sino más bien LA CAPITULACIÓN DE UN MAYORÍA CONFUNDIDA, DESCONFIADA, AMBICIOSA, SUPERSTICIOSA, DERROTISTA, A UNA MINORÍA ORGANIZADA QUE SABÍA LO QUE QUERÍA Y NO RETROCEDÍA ANTE NINGÚN ESFUERZO PÚBLICO NI PENALIDAD PRIVADA PARA EJECUTAR SU VOLUNTAD. El mismo espíritu que los cristianos demostraron al establecer la iglesia pudo salvar al Estado y renovar el orden social. Pero los sostenedores de la cultura clásica solo sabían luchar en una acción demorada; eran incapaces de inventar la estrategia de una nueva campaña". Son varias la lectura que podemos extraer de este breve texto. Para mí la más importante es que un pequeña minoría, con el suficiente tesón y confianza puede alcanzar sus objetivos ante una mayoría desmoralizada y pasiva. Pero en la salvación, también está el peligro. Esta minoría puede ser de signos muy distintos. Puede ser un grupo con un mensaje de amor, comunidad, cooperación y compañerismo, o bien, una facción violenta, integrista y fanática. Ante este peligro pienso que lo más sensato es acometer lo que no hicieron los romanos: reactivar la sociedad y renovar los principios éticos y morales sobre los que asentar un nuevo modelo social más justo, igualitario y colaborativo.
 
 
 
Jesús de Nazareth mostró una gran indiferencia por los progresos políticos. A este respecto el historiador Renan hizo una crítica acertada a aquel conocido episodio en el que Jesús dijo aquello de "dar al Cesar lo que es del Cesar y a dios lo que es de dios". Según Renan, "establecer como principio que debemos aceptar la legitimidad del poder por la inscripción de las monedas, proclamar que el hombre paga tributo con desdén y sin preguntar, era destruir el republicanismo en su antigua forma y favorecer la tiranía. El cristianismo, en este aspecto, ha contribuido mucho a debilitar el sentido de deber del ciudadano y a entregar el mundo al poder absoluto de las circunstancias existentes". Vemos, pues, que el desentimiento de los asuntos cívicos y el asumir acríticamente la realidad,-la famosa expresión que tanto gusta a los políticos conservadores de no hay alternativas- tiene profundas raices.
 
 
 
"Carecemos de hombres porque carecemos de niños. La gente ama demasiado al dinero y no lo suficiente al trabajo. En consecuencia, ya no quiere casarse, o si lo hacen no tiene más de dos hijos, para educarlos con lujo y dejarles mejor herencia". Esta frase podía decirla hoy día cualquier observador atento de nuestra sociedad. Pero la escribió Polibio, a finales del s.II a.C, cuando anticipo el declive del imperio romano.
 
 
 
 
Hace unos días termine la lectura de un libro que me ha resultado muy interesante. Se trata de "Los hijos de Homero", cuyo autor es Bernando Souviron. Cuenta en este obra la existencia en el Mediterráneo, concentramente en la isla de Creta, de un primitiva civilización matriarcal y pacífica, la cultura minoica. En esta civilización, dominada por las mujeres, no existía la guerra ni las murallas eran necesarias. La cultura y el arte era el eje de esta civilización, que se vio invadida y suplantada por varias invasiones que acabaron con ella y reimplantaron el modelo social patriarcal. Desde entonces el patriarcado ha sido el sistema social dominante. En nuestros tiempos los viejas cadenas que ataban a las mujeres se están debiitando. Y ante este fenómeno el género masculino ha reacionado con violencia. Según Souviron, es ahí, en el llamado mundo civilizado, donde están empezando a pagar con su sangre el delito de ser esclavas y de hacerse libres; el delito de existir al margen de los hombres. La imagen representa a "la señora de las serpientes". Desprende misterio, poder, el de una civilización en el que las mujeres tenían el dominio y floreció la paz, la cultura, la belleza y el arte.
 
 
Si en escultura el organicismo encuentra sus representantes en artista como Henry Moore y Elena Laverón, en arquitectura destaca por encima de todos Frank Lloyd Wright, con su "Casa de la Cascada". Naturaleza y humanidad se dan la mano en perfecta armonia.
 
 
 
Ceuta puede sentirse muy orgullosa de contar entre los suyos a la artista Elena Laverón. Su obra se encuadra en la misma tendencia organicista de Henry Moore. Varias de sus obras pueden disfrutarse en nuestra ciudad, ya sea en el parque de San Amaro o en el escultura de las cuatro culturas que se entrega a los galardonados con el premio convivencia.